Una estudiante describe el contraste entre momentos de silencio interior y la actividad mental y emocional constante, descubriendo que en el fondo de su búsqueda espiritual lo que encuentra no es libertad sino una resistencia profunda y dolorosa.
Una estudiante describe el contraste entre momentos de silencio interior y la actividad mental y emocional constante, descubriendo que en el fondo de su búsqueda espiritual lo que encuentra no es libertad sino una resistencia profunda y dolorosa.
Estoy muy conmovida por lo que acabas de escribir. Gracias por la meditación. Siento que vengo en una especie de baile en el que los momentos de silencio son más vacíos que nunca, pero al mismo tiempo siento muy fuerte el contraste de cuando no está el silencio y la cabeza va a toda velocidad. Es un proceso que lleva semanas, quizás meses. Mi cabeza nunca para, pero lo que ha cambiado un poco es el cuerpo emocional. Ese es al que más le noto la diferencia, porque ese silencio lo siento más. Entonces la cabeza a todo vapor se vuelve simplemente un poco de ruido blanco. Pero cuando no está el ruido emocional, realmente tengo más espacio para estar en contacto con algo que se siente como vacuidad o silencio, y ahí me doy cuenta. Quizás es lo que acabas de describir en la conversación anterior, y también lo que evoca ese poema que es tan lindo.
Para quienes no lo sepan, leí un poema de un Rinpoché.
La última semana venía con mucho ruido mental sin parar, y la meditación de hoy fue un regalo. Lo hermoso es que, incluso con el ruido, hay siempre algo al fondo, como una confianza en que todo ese "tututututu" no es la completitud. Pero es muy incómodo. Y lo más incómodo de todo es quizás lo que estaba describiendo: el camino de vuelta. Siento que mi proceso empezó este año con la liberación espiritual, y con lo que más me he enfrentado últimamente es con esa parte tan frontal que no quiere eso. Entonces es verlo y verlo y verlo todo el tiempo, y es como dolor. Es estar en una paradoja irresoluble: si se queda, no tiene solución. La meditación fue un regalazo para mí hoy, porque después, eventualmente, son momentos de respiro. No es un descanso, pero sí es un respiro. Es una caricia.
Me alegro. Y lo que dices de encontrar ese lugar donde no querés: esa es una gran realización. Llegaste a suficiente profundidad donde te encontrás con esa parte fundamental, esencial, que es la resistencia a lo que es. Porque si solo experimentamos "quiero, quiero la libertad, quiero la conciencia, quiero, quiero", no vemos que fundamentalmente hay una parte muy profunda que no quiere. No estamos viendo eso.
El dolor de ver la resistencia
Sí, vengo como con mucho dolor. Es raro, porque no puedo decir que nada es cien por ciento así, pero hay muchos momentos de dolor al ver cuánto de eso hay. Últimamente hay más de eso que de lo otro.
Pero esa es una autocrítica, porque si miraras más profundamente, no va a haber otra cosa que resistencia. Es lo fundamental, es lo que está de fondo. Entonces vos seguís un camino de ir profundizando: "quiero profundizar, quiero libertad", vas profundizando y profundizando hasta que llegás a la resistencia fundamental. Y ahí vas a ver que no hay una parte de vos que quiere la libertad.
¿No hay?
No. Es una paradoja, como decís, pero si llegás a esa profundidad, vas a encontrar que lo único que hay es resistencia.
A ver si te entiendo. ¿Es diferente verlo como "hay una parte mía que no quiere la libertad" a verlo como que no es que hay una parte de nada, es resistencia?
Te lo pongo como un mapa. Vos creés que hay dos partes iguales: una que quiere libertad y otra que resiste. Querés que gane la que quiere libertad y se rinda la que resiste. Y ahora estás viendo que la que resiste viene ganando, es más grande, tiene más fuerza. Pero no es así. No son partes iguales. La que resiste está debajo, es la fundamental. A ese nivel, es todo lo que hay. Y arriba está la parte que trata de llegar a la libertad. Pero a ese nivel profundo, lo único que hay es resistencia.
Sí, eso describe algo que yo vivo estos días. Es como haber llegado a un fondo en donde la verdad se dio la vuelta. La verdad es: yo no estoy buscando la libertad.
Eso es un gran ajá.
Y de ahí que me conmoviera cuando hablaste del rezo y la consagración, porque también se experimenta así. No es posible que esto, que es tan fundamentalmente lo que no quiere, alguna vez lo quiera.
La fe en lo que somos
Y es la confianza y la fe en que sos más que ambos. Sos más que la parte pequeña que quiere libertad, y sos más que la parte más fundamental que resiste. Porque lo que sos es libertad. Jugando con las palabras: lo que somos, el ser, no puede resistirse a ser, porque es su naturaleza. Lo digo como juego de palabras para ver si choca con las ideas y la sensación de paradoja.
El silencio no es la ausencia de ruido
Cuando hablás del ruido emocional versus el ruido mental, explorá la posibilidad de que no hay tal ruido. Hay ruido porque querés que la mente deje de hacer lo que está haciendo. Hay ruido emocionalmente porque es lo mismo. Lo emocional y lo mental son la misma cosa. Uno lo sentís más a nivel de químicos corporales, emociones, y el otro lo experimentás como pensamiento, pero son la misma cosa. Son las dos caras de una moneda. Cuando estás más en uno, vas a experimentar más el otro, dependiendo de lo que estés mirando. Pero es el mismo ruido. Ahora, con tu experiencia de que hay silencio y ruido: fijate que no definas el silencio como la ausencia de pensamientos o la ausencia de emociones.
Entiendo. Como que no lo defina por el contraste. Sí, está bueno eso. Porque no es así. Pero en la ausencia de eso, es más claro, tal vez.
Sí, es claro cuando lo descubrimos. Lo reconocés, lo saboreás, y después sentís que lo perdés, como que es algo que se va. Ahora, si es lo verdadero, el silencio verdadero no se pierde, porque no es algo que está en el tiempo, no es algo que va y viene. Pero sí se pierde lo que definís como algo. Si lo definís como una ausencia, si saboreás algo y tiene una forma, tiene una definición, tiene una textura, tiene un color. La conciencia no tiene olor, es incolora.
La metáfora de la calle y el tráfico
Pero, ¿qué pasa con algo como un fondo? Porque estos días que tenía mucho lío mental, peleo con alguien en la cabeza las veinticuatro horas del día.
Te voy a hacer una pregunta. Si caminás por la calle en el centro de la ciudad, está nevando, hay mucho tráfico, bocinas, ruido. Vos podés estar caminando en esa situación con la nieve y estar en paz. No como "qué lindo que es esto", pero hay ruido, hay tráfico, hay bocinas, y sin embargo estás en paz. Ahora, si vos definís como silencio que dejen de tocar la bocina, que deje de haber autos, no vas a encontrar paz. Pero fijate que puede estar todo ese ruido y vos estás en ese nivel, estás en paz, porque estás disfrutando caminar por la calle. Es una metáfora. Entonces, ¿por qué es relevante la actividad mental? ¿Por qué es relevante la actividad emocional?
Porque son, en la misma metáfora, sobre todo la emocional (que entiendo que decís que son dos caras de la moneda), un poco más cautivantes, más apelantes a mi distracción. De repente la calle está cayendo la nieve y hay un color lindo, entonces me obsesiono con el color lindo.
Sí, creo que aludiste a eso cuando dijiste "apelante". Te interesa.
Sí, le he atribuido un significado: que eso es estar vivo.
Va por ahí. Porque en la metáfora del tráfico, hay autos, y si no me engancho con que hay autos, me es irrelevante el ruido que hagan. Pero si me interesa lo que hacen los autos, si me interesa la nieve, si me interesa el color, ahora si te obsesionás con que ese auto te toque bocina y que si te deja de tocar vas a estar mejor, ahí sí vas a estar enganchada con ese movimiento de tráfico. Entonces la relevancia que le das a los pensamientos, la relevancia que le das a las emociones, es lo que le da energía a ese motor. Pero fijate: ¿por qué te interesa? ¿Qué es lo que estás tratando de obtener?
La distracción como mecanismo de evitación
Ahí es donde lo conecto con lo primero que te dije. Siento que todo eso está en función de otra cosa. Cuando me separo un poco de eso, lo único con lo que me encuentro es con lo que no quiere la libertad. Entonces todo eso funciona para no estar en contacto con eso. Me distraigo un poquito para seguir sin darme cuenta de cuánto no quiero eso, porque cuando no me distraigo, lo único con lo que me encuentro es con lo que te estaba describiendo al principio.
Ahora, cuanto más esto que me estás describiendo, cuanto menos te lo olvides, cuanto más lo veas, te vas a distraer menos. Porque se cae la ilusión del cuento. Todo ese mecanismo es una ilusión de que si me engancho con esto, voy a llegar a obtener algo y no sentir esto otro. Pero cuanto más ves que lo que estás haciendo es evitar eso, se va cayendo la ilusión. Vas a empezar a ver: "me estoy escapando, me estoy escapando, me estoy escapando." No es acerca del esfuerzo de recordar y de enfocarte. Es lo que es. Entonces se vuelve difícil verlo como lo veías, difícil seguir contándote un cuento, porque estás viendo lo que es. Es como cuando te dicen que Papá Noel no existe y quizás por un tiempo no lo creés, lo peleás. Pero de repente ves que te están trayendo los regalos tus padres y te cuesta seguir creyendo. Ves la realidad. No es acerca de un esfuerzo de voluntad, es acerca de ver lo que realmente está pasando, lo que realmente estás haciendo, cuáles son tus motivos, cuáles son tus intenciones, cuáles son los mecanismos que se están moviendo. Vas a ir viendo más y más que te enganchás en todo este drama mental y emocional para no ver eso.
La paradoja de la historia espiritual
Tal cual. Pero es como si, cuando éramos niños y nos leían la Biblia, el cuento de la libertad, del cielo: "vamos a redimir nuestros pecados y llegamos al cielo." Es una historia linda. Y un poco la historia del camino espiritual es así: "si no me engancho con mis emociones, con mis pensamientos, con todo esto, la libertad está de fondo." Pero con lo que yo me estoy cruzando es que, si no me engancho con mis emociones ni con mis pensamientos, lo que hay de fondo es una resistencia dolorosísima. Entonces es aterrador. Es como: yo no quiero ni lo uno ni lo otro.
Sí, pero es un proceso. La zanahoria es una transición. Y esto lo dijo Jesús: "El que busca, que no deje de buscar. Encontrará, y cuando encuentre, va a ser perturbado." Y después va a reinar sobre todo, o va a entrar al reino. Hay distintas traducciones.
La cruz como símbolo de rendición
En la interpretación más simbólica de su vida, está la cruz. Él tuvo la integridad de terminar crucificado. Se pudo haber tratado de escapar, pero tuvo la integridad de seguir lo que lo movía. Terminó en la cruz, pero en la cruz no decidió rendirse como un acto de voluntad. Es el reconocimiento: "my will is thy will." No hay tal voluntad mía; solo hay la voluntad. Es un cambio de identidad. Cuando dice "¿por qué me has abandonado?", sigue habiendo una entidad, una persona que creía que era el hijo del Señor, que el Señor le iba a cuidar. "¿Por qué me has abandonado? Acá estoy. Todo salió mal." Pero ahí, un instante después, sucede la rendición.
Me parece bastante humillante esto de que la rendición nos sucede.
Sí, es totalmente lo más humillante que hay.
No hay libre albedrío.
No. Pero el libre albedrío es en parte necesario para llegar a encontrar, en el proceso de seguir buscando. No dice "los que buscan dejen de buscar porque no hay nada que encontrar, el reino ya es." No. Dice: el reino ya está aquí, pero hay que encontrarlo. No lo ves. Entonces, sigan buscando. Y eso requiere voluntad, porque hay fuerzas enormes internas de resistencia, y frente a esas fuerzas, luchamos. Pero cuando llegamos ahí, cuando llegamos a donde está esa batalla, nuestra voluntad no es la que cuenta.
Es como si la voluntad nos trajera solo hasta la puerta.
Exacto.
La apertura energética y la desidentificación
Una preguntita, quizás más de curiosidad. Si Jesús realmente pudo soltar del todo la identidad recién al final, en la cruz, ¿por qué tuvo antes de eso tanta potencia, tanta apertura, tantos discípulos?
Es una pregunta muy difícil, porque estamos basándonos en un relato. Imaginemos que fue así. Tengo una gran influencia de mi maestro, pero tengo también mi propia lectura, que es bastante poco canónica. Hay momentos donde hay una desidentificación, pero no es permanente. Hay un reconocimiento de que lo que somos no es eso que creíamos que éramos. Y eso puede ser parcial o total. Ahí aparecen los satoris, los vistazos. Podemos reconocer en parte que no somos lo que creíamos que somos. Pero eso es parcial en cuanto es progresivo; vamos de a poco quitando ideas, quitando historias. Sin embargo, hay un nivel donde la identificación es literalmente con que yo soy algo. Es difícil de describir, pero es un "yo soy" donde la identidad misma sigue fundamentalmente ahí.
Puedo reconocer que creo que esto es lo que le pasó a Jesús. Después está la apertura energética. Él en el desierto, para mí, tuvo una apertura energética. Yo tuve aperturas energéticas que no se mantuvieron al máximo, pero cuando estuvieron al máximo, era muy claro que hay mucho poder, que uno puede hacerle cosas a las otras personas. Es difícil de describir la cantidad de poder. Pero eso puede estar con total identificación, completamente creyendo que uno es el hijo de Dios, o cualquier cosa, el nuevo mesías.
Entonces, además de eso, están los vistazos, la realización de "no soy este humano que creo que soy." Pero queda un "soy eso otro", que es divinidad. Y sigue habiendo un problema ahí.
Si me arriesgo a decir cómo fue: la apertura energética del desierto, después un vistazo de total desidentificación, pero el mecanismo de identidad limitada siguió funcionando y ahora se proyectó en eso. Entonces hay una identidad que es divina. Lo que sucedió después en la cruz es que esa identidad, "yo Jesús, hijo del Padre Dios", ese mecanismo de identidad, se cortó. Y esa es la liberación verdadera, donde lo que deja de estar es la creencia de que soy algo que puedo comprender, que es limitado, que tiene voluntad propia.
Es una función que puede dejar de estar. Sigue estando el mecanismo mental de hacer mapas, de funcionar. Pero si te describo mi experiencia: cuando miro a qué soy, yo no puedo encontrar nada. No hay una sensación de algo que soy. Es una cosa totalmente difusa, totalmente sin centro, donde no hay una experiencia de una voluntad con un centro. Es difícil de explicar. Tardé catorce meses incluso en entender más o menos qué estaba pasando. Para ver que estoy hablando con vos, tiene que haber una capa de mente, de pensamiento para interactuar con otra persona o con un objeto. Y es muy transparente la experiencia de que, sin acceder a esa capa de pensamiento, sin poner atención ahí, no hay una sensación de que yo estoy acá y esto está allá.
Y todo lo otro, la potencia energética y todo eso, se vuelve poco importante. Antes lo era. Yo antes estaba enfocado en subir la energía. Tenía aperturas energéticas y creía que eso era lo que iba a suceder: una vez que se diera la apertura final y total, todo se resolvería. Después me quedé pensando por qué mi maestro acentuaba tanto el tema de la energía, y me di cuenta de que tenía una idea mía que no era correcta. Puedo ver que hay otras razones por las que es importante, pero no en el mapa que yo tenía de que hay que subir la energía y después cuando uno la sube, uno se realiza, despierta. Puede despertar una kundalini, puede suceder, pero tiene muy poco valor un despertar de kundalini comparado con esto.